Ser artista

Como persona y como fotógrafo tengo claro que uno puede seguir aprendiendo cosas a lo largo de toda su vida. Si estamos dispuestos a ello, por supuesto. El caso es que continúo buscando textos, autores, porfolios, imágenes sueltas y todo tipo de materiales que puedan enriquecer mi obra, mis cursos, mis conferencias y mis propios pensamientos sobre lo divino y lo humano. Digámoslo alto y claro: busco ideas ajenas que puedan complementar las mías y me permitan seguir creando sin repetirme demasiado.
En esto que doy con un libro que no es nuevo pero que su título me asalta como un yonqui desesperado en mitad de la noche. El libro en cuestión se llama How to be an artist y lo primero que pienso es cómo es posible que haya personas a las que se les ocurran ideas que a mí jamás se me pasan por la cabeza. Será que siempre he sido mal estudiante y mis padres se desesperaban conmigo firmando notas que los profesores me obligaban a llevar a casa como prueba de mi falta de aptitudes intelectuales. Pero siendo consciente de estar muy lejos de esas personas a las que denominamos de “altas capacidades”, mi sistema de alarma se pone en marcha cuando encuentra un libro que afirma sin tapujos saber cómo convertirte en fotógrafo, carnicero, ingeniero nuclear o mejor persona. Cómo no alertarme entonces cuando veo que alguien te promete saber cómo transformarte en artista. ¡Pero si aún no tenemos claro qué significa ser artista! Evito levantarme a consultar el diccionario porque he visto a personas tan dispares calificarse a sí mismas de artistas que la propia palabra me produce ciertas suspicacias.
Volvamos al libro. Cómo soy una persona que no deja de preguntarse cosas, lo primero que me viene a la cabeza es por qué no somos todos artistas habiendo en el mercado libros como este. Imaginaos uno que asegure conocer la clave para ser genios. Lo siento pero sospecho de las verdades absolutas, en especial cuando llevo más de treinta años en esto y todavía soy incapaz de encontrar respuestas válidas para muchos de los interrogantes que me planteo. Será falta de creatividad o simplemente envidia, vale, pero he leído infinidad de libros sobre creatividad y me han servido sobre todo para entender un poco mejor el proceso, pero apenas para producir imágenes más originales, significativas, íntimas y trascendentes. Ser buen fotógrafo no depende de un curso, o dos, o veinte, ni de un puñado de libros. Depende de cómo nos involucramos mental, física y emocionalmente en la realización de fotografías. Ser artista, sea cual sea el significado de la palabra, es lo mismo: un proceso largo, arduo y complejo para el que, creo yo, no existen recetas milagrosas ni fórmulas mágicas.
Pero para que nadie piense que soy envidioso, prometo comprarme el libro y leerlo de cabo a rabo. Y si funciona, jamás revelaré el secreto.

Fernando Puche.