Medición de la luz reflejada

El mundo de la luz es muy complejo. Como fotógrafos nos interesan algunos de sus aspectos, aquellos que nos permitan crear escenas, variar el significado de las mismas, cambiar el impacto emocional que puedan producir, es decir, usar los medios que la iluminación pone a nuestro alcance para poder utilizarla como un lenguaje.

La luz es una manifestación de la energía electromagnética. Si contamos con las herramientas adecuadas podemos modelar la escena, generar diferentes ambientes, alterar los contrastes, variar su nivel en determinados elementos de la escena, jugar con el color, variar, en definitiva, el significado de la escena que estamos contemplando. Como fotógrafos, el siguiente punto de interés es, lógicamente, el control de su registro para que podamos obtener una imagen que responda a nuestros objetivos. Debemos conocer el comportamiento de la luz cuando cae sobre la superficie de algún material. Y cómo se ve cuando se registra fotográficamente.

Vamos a plantearnos el escenario más simple: una lámina plana de cualquier material, como una cartulina, por ejemplo. Si dirigimos hacia esta escena tan sencilla una fuente de luz, ocurre un doble fenómeno, parte de la luz que cae sobre la cartulina es devuelta hacia el medio del que venía y por eso vemos la cartulina iluminada; en segundo lugar, parte de la luz desaparece absorbida por la misma materia que forma la cartulina, estimulando el movimiento de las partículas elementales que la conforman, aumentando, así, su temperatura.

Si damos un valor, por ejemplo 1, a la energía luminosa que llega a la escena, vemos que hay una parte que se absorbe a y otra que se refleja r de forma que  1 = a + r.

De esta energía luminosa, por poca que sea, siempre hay una cantidad que es absorbida, de manera que a siempre es distinto de 0 (a ≠ 0). Lo que estamos diciendo es que todos los cuerpos absorben energía y no hay ninguno que la absorba toda, es decir, que no existe el negro absoluto.

Igualmente nos encontramos que no existe ningún cuerpo capaz de reflejar toda la luz que cae sobre él, es decir, que siempre el coeficiente de reflexión r es menor de 1, o dicho de otra manera, r  siempre es distinto de 1 ( r ≠ 1), lo que indica que no existe el blanco absoluto.

Estas expresiones están especificadas en tantos por 1; lo mismo se podría expresar en tanto por ciento. El factor que más nos interesa de los dos, a y r, es el de reflexión r, porque es el que está ligado a su percepción visual. Un objeto que tiene un coeficiente de reflexión mayor que otro indica que se ve más brillante. Podemos también valorar la brillantez de una escena con  un número; una escena está compuesta, en general, por varios elementos de diferentes coeficientes de reflexión, los de r mayor se percibirán como los más luminosos y los de r menor los consideramos más oscuros. También se pueden reducir los diferentes coeficientes de reflexión de una escena a uno solo. Queremos decir que podemos evaluar la luz reflejada y la superficie de cada elemento de la escena y obtener el coeficiente de reflexión equivalente como si toda la escena pudiera ser sustituida por una superficie plana que reflejara la misma luz que toda la escena en su conjunto.

Encontrar el coeficiente de reflexión equivalente de una escena dada es el resultado de un trabajo muy arduo. La casa Kodak trabajó en esto y encontró que la mayoría de las escenas frecuentemente fotografiadas reflejan, en media, un 18% de la luz que incide sobre ellas. Es un valor que desconcierta, y parece increíble que la mayoría de las escenas reflejen este porcentaje. Ese es el valor que se ha tomado como referencia para calibrar los fotómetros.

Existen dos formas para hacer mediciones de la luz de cualquier escena que vamos a fotografiar. Una de ellas consiste en medir la luz que incide sobre la propia escena (luz incidente). La otra se obtiene midiendo la luz que refleja la escena (luz reflejada). En el primer caso, (incidente) solamente se mide la luz que llega al motivo o escena, no se tiene en cuenta la capacidad de reflejar la luz de la misma. Para este tipo de medición es indispensable tener un fotómetro de luz incidente y situarnos en el sitio exacto que queremos fotografiar, condiciones que no son siempre posibles. En el segundo (reflejada), que es el que vamos tratar aquí, y es el método que usan todas las cámaras fotográficas actuales, porque tienen el fotómetro de luz reflejada integrado. Los fotómetros de luz incidente están calibrados para dar los mismos resultados que si hiciéramos la medida con otro fotómetro de luz reflejada sobre una cartulina gris que refleje el 18% de luz.

Imaginemos que tenemos ante nuestra cámara una pared blanca iluminada por el sol y, en las mismas condiciones, otra totalmente negra. Si hacemos una medición de luz incidente (para ello nos tenemos que posicionar justo delante de la pared y apuntar con nuestro fotómetro hacia la cámara) tanto en la pared blanca como en la negra, el resultado va a ser idéntico porque lo que estamos midiendo es la luz que llega a las mencionadas paredes y no se tiene en cuenta la cantidad de luz que reflejan.

Si la escena que fotografiamos está reflejando de media un 18% de la luz que recibe, la medición con el fotómetro de luz reflejada será correcta, pero, en otro tipo de situaciones, no funcionará correctamente. Por ejemplo, cuando fotografiamos zonas con mucha nieve, notamos que la fotografía final está grisácea sin brillo. También cuando fotografiamos en un teatro a un personaje iluminado sobre un fondo negro, el resultado final será que el personaje esté sobreexpuesto y el fondo negro quede grisáceo. Son situaciones que nuestro fotómetro no entiende porque los motivos no están reflejando de media un 18% de la luz que reciben.

En el caso de la escena de nieve lo que tenemos que hacer es sobreexponer y en la fotografía del teatro, subexponer respecto a la medida, en estos casos errónea, que proporciona el fotómetro. No estamos hablando de situaciones donde haya mucha o poca luz. Estos ejemplos concretos nos pueden llevar a confusión, pues asociamos la nieve a mucha luz y el teatro a menos. Podríamos estar fotografiando la escena de la nieve mucho después de la puesta de sol, en condiciones bajas de luz y tendríamos que actuar de la misma forma, es decir, exponiendo más de lo que nos indica el fotómetro.

Quizás si ponemos a continuación unos gráficos con ejemplos concretos, podremos llegar a entender esta última afirmación que, seguramente, no nos parece lógica.

Vamos a imaginarnos que estamos fotografiando una superficie uniforme que refleja el 18% de la luz que recibe, y que le hacemos llegar 100 unidades de luz. Es decir, está reflejando 18 unidades de las 100 que recibe. Supongamos también que el fotómetro de la cámara nos apunta que tenemos que exponer a 1/60 de segundo, f:4 a 100 ISO. Puesto que la superficie a fotografiar refleja un 18% de la luz que recibe y el fotómetro está calibrado exactamente para este caso, la fotografía resultante será  correcta.

Ahora, a la misma superficie le hacemos llegar 200 unidades de luz. En este caso,  reflejará 36 unidades de luz. El fotómetro de nuestra cámara, al recibir el doble de luz, nos indica que cerremos un punto el diafragma (f:5,6). El resultado seguirá siendo correcto, pues estamos en la misma superficie que refleja exactamente lo que tiene calibrado el fotómetro.

A continuación introducimos una variación, y cambiamos la superficie a fotografiar por otra que refleja el doble, un 36% de la luz que recibe. (Este caso también se produce en la reflexión de  la piel humana de raza blanca) Si le hacemos llegar 100 unidades de luz, va a reflejar 36. El fotómetro de la cámara recibe estas 36 unidades y aplicará los mismos ajustes que en el ejemplo anterior. Siempre supone que la escena a fotografiar está reflejando un 18% de luz y, en este caso, si aplicamos los ajustes que nos indica (f:5,6 1/60 seg. 100 ISO) la imagen resultante tendrá el mismo aspecto que en el ejemplo anterior, es decir, saldrá más oscura de lo que es en realidad:

Por lo tanto, para corregir esta situación tendríamos que exponer el doble, por ejemplo, usando un diafragma de f:4

Como norma básica: Cuando lo que estamos fotografiando refleja de media una cantidad distinta al 18%, tendremos que modificar los parámetros de exposición que marca nuestro fotómetro de luz reflejada e interpretar la medida, exponiendo más cuando hay mayor reflexión y menos cuando la reflexión es menor.

Los ejemplos más claros de este fenómeno los podemos apreciar en las escenas de nieve que reflejan aproximadamente un 80%  de la luz que reciben. El fotómetro, que no está calibrado para esta situación, entiende que la escena refleja el 18% y nos da unos valores que, si los aplicáramos, obtendríamos imágenes grises:

En estos casos, hay que interpretar la medida del fotómetro: Si la escena refleja más luz que la habitual, tengo que aclarar la imagen, para ello tengo que aumentar la exposición, bien abriendo el diafragma, bien disminuyendo la velocidad de obturación. La solución en este ejemplo ha consistido en abrir el diafragma un paso y medio.

Lo contrario ocurre con el ejemplo del teatro. En este caso, el exceso de negro ha hecho que el fotómetro nos ofrezca una medición errónea, sobreexponiendo las zonas más iluminadas y aclarando el fondo negro.

En este caso concreto si subexponemos 2 puntos y dos tercios, obtenemos una fotografía correctamente expuesta.

 

Joaquín Perea / Antonio Alba