Las piedras que hablarán

Desde que aprendí a leer con Cervantes, me quedé prendado con aquella sentencia que Quijote le dijo a Sancho en la que parece que las piedras, tarde o temprano, por las cosas que veremos, hablarán. Y así me parece desde hace el tiempo en que las miro y las escucho.

Desde entonces no he cesado de buscar sus inmanencias, sus establecimientos y presencias rotundas, preciosas e irrefutables. Siempre atento a sus formas inquebrantables y al sonido que emiten con el viento variable.

Nunca he dejado de indagar en el pasado que me concierne. Nunca he dejado de fotografiar las piedras. La catedral gótica de la ciudad en la que nací, está construida con piedras entre las que habitaron los Carpetanos. Los asentamientos y urbes prerromanas fueron fuentes inagotables dotadas de un potencial arquitectónico y mágico incuestionables. Entonces, no existían diferencias entre arte, magia, ciencia y religión.

Las representaciones existenciales frecuentaron las intervenciones en torno a las piedras. Los baños lustrales, los altares, las taulas, los verracos, los dólmenes y menhires son muy conocidos en nuestra cultura actual por su definición y repetición formal y geográfica.

Otra cosa es repensar la Hispania Antiqua. Un territorio indefinido trufado de pequeñas tribus que, aprovechando todos los recursos naturales, vivieron plácidamente hasta la invasión romana.

La colección de fotografías que presento, no pretende otra cosa sino la de documentar algunos de los espacios que habitaron Arévacos, Carpetanos y Vettones. Espacios intemporales imponentes en los que la piedra, daba sentido a sus vidas. Y, también, porque parecen hablar.

Carlos Villasante