¿Espacio negativo?

Las fotografías de este artículo fueron realizadas en Vejer de la Frontera, un pueblo de la provincia de Cádiz muy cercano a la costa. Es la única visita que he realizado a este lugar que, por otro lado, me pareció fascinante, en aquellos momentos casi desierto, cosa comprensible dado que estuve allí el último día de agosto de 2007 y las tomas se realizaron casi todas entre las 13,30 y las 15 horas. La luz de aquel lugar me llenó de fuerza, a pesar del calor presente y el hambre que, en general, me nubla las percepciones.

Revisando el otro día estas imágenes descubrí que en algunas me había dejado llevar, a la hora de construirlas, por la idea de que eran carteles o algo similar, elementos planos en suma. La mayoría las había planteado, sin embargo, usando la presencia de las sombras para generar, mediante variaciones tonales, la idea de espacio que es, en definitiva, la temática de un género como el paisaje, en este caso el paisaje urbano. Los diferentes valores tonales obtenidos al registrar la luz procedente de esas paredes de las callejas junto a la idea de representación del espacio suscitada por los diferentes planos y las líneas de corte entre ellos ayudaban a crear imágenes simples, con muy pocos elementos pero eficaces para generar en el lector una idea del ambiente y de la ligereza visual llena de eficacia en la representación de esos lugares.

En principio todo era como lo recordaba. Lo que había olvidado era el uso que había hecho de los elementos de la imagen. ¿Qué quería yo representar? ¿Hacia dónde quería dirigir la atención del lector? ¿Cuál era la finalidad de estas imágenes? Cuando uno hace una fotografía la hace de alguien o de algo. Ése es el referente del que partimos, al margen de lo que queramos contar, dado que usando la misma luz reflejada por la escena podemos construir diferentes significados asociados a esa imagen. Lo que me ha resultado inquietante es encontrar, de una manera insistente, que había estado realizando imágenes que parecían estar destinadas a no contar nada específico, rehuyendo a enfrentarme a la pretendida obligación del fotógrafo de hablar de algo partiendo de la realidad visual.

En la imagen anterior, por ejemplo, la toma recoge una puerta y un pasamanos como elementos reconocibles. La presencia de ambos elementos nos remite a un lugar donde habitan personas, pero la puerta no se ve completa y el otro elemento tampoco, por lo que, de alguna manera, se está señalando que lo importante es lo que une a las imágenes de ambos entes, que resulta no ser otra cosa que una sombra, sombra por otra parte de la que no se puede identificar su procedencia. Si el objeto no fuera completamente opaco podríamos obtener más detalle pero en esta ocasión sólo queda el contorno duro, en forma de triángulo, sin ningún matiz. O sea, lo que quería mostrar es la ausencia de tema, la vaciedad de la escena que de una manera insistente se repite a sí misma, no hay nada más que mirar.

En esta fotografía la superficie del centro es una pared blanca, sin más detalle que la sombra de unas hojas en el borde de la izquierda y tanto el lateral de la izquierda como la zona inferior de la calle son zonas de sombras; el lateral derecho es el único que habla de las personas mostrando una casa que, para colmo, parece deshabitada. El centro es, pues, la zona a la que, jugando con el encuadre, he conducido la atención y ahí lo único que hay es una pared lisa, blanca y fuertemente iluminada. Sin más contenido.

En esta imagen de una calle con sombras hay unas líneas inclinadas que representan la pendiente de la calle conduciendo, de nuevo al igual que antes, al único sitio que nos habla de las personas, la esquina superior derecha, en una superficie que viene a ser la vigésima parte del total de la imagen. Ahí se anuncian, más que se ven, un par de puertas y unas tres ventanas. La mayor parte de la imagen se dedica a recoger una pared y el suelo de la calle. Lo que llama la atención, dado que no hay nada más, es la gran sombra que parece descender por la pared, que no permite identificar su origen -quizás una sábana o algo similar-, y que lleva la vista a unirse con la otra sombra, la que se extiende por toda la calle, ocupando más de la mitad del empedrado. La cercanía de las dos sombras actúan atrayendo la mirada de forma que pasa de una sombra a la otra, convirtiéndose, así, en el tema de la fotografía. Lo que debería ser la figura se convierte en el fondo y viceversa. O, como dicen otros, el espacio positivo se convierte en negativo y lo recíproco también se cumple.

El mismo tipo de análisis podemos aplicarlo a otras imágenes. Las imágenes fotográficas son planas y se despliegan, en general, dentro de un contorno rectangular (las imágenes cuadradas son un caso particular de la forma rectangular). Algo de esa imagen es visto como el elemento principal o aquel del que se ocupa la imagen y que se suele denominar figura. El resto de la superficie de la imagen dentro del rectángulo, o sea, la superficie complementaria, es denominada fondo. Estos nombres son frecuentes dentro del campo general de la imagen, aunque es frecuente, cuando nos referimos a la fotografía, encontrar las denominaciones equivalentes de espacio positivo y espacio negativo. No hace falta decir que el espacio negativo, aunque sea geométricamente el complementario del espacio positivo, no lo es semánticamente. Dos retratos, uno con un entorno rojizo y otro con un entorno azulado nos van a desencadenar diferentes sensaciones aunque todo lo demás sea idéntico; el espacio negativo está influyendo en la significación de la imagen al modo que los adjetivos lo hacen en la construcción de una frase.

Volvamos al principio, donde hablé de las primeras fotografías que he mostrado y que califiqué como elementos planos: no soy capaz de separar algún elemento de ellas que pueda afirmar que constituyen el elemento principal de la imagen, como ese número de una vivienda, el orificio negro, etc. No hay nada que constituya ese espacio positivo, toda la imagen es espacio positivo. Mejor aún, si no hay nada que pueda ser el espacio positivo podemos entender que estas cuatro imágenes de elementos planos son en realidad, todas y cada una de ellas, espacio negativo.

Si vuelvo a Vejer muy posiblemente no vea a este hermoso pueblo blanco de la misma manera, aunque creo que sí mantendré la mirada.

Joaquín Perea