De lo analógico a lo digital: las dos caras de una misma moneda.

Estamos cansados de ver artículos que comienzan como éste. No deja de ser una llamada de atención que hago para hablar de nuestra posición en torno a este tema. Las discusiones que se han suscitado no me han dejado frío, pero debo admitir que no las he entendido cuando han exigido un posicionamiento radical. Quiero decir cuando ha habido que ponerse a un lado y defender la fotografía analógica o la fotografía digital, como si se estuviesen manejando dos conceptos de fotografía.

La fotografía es una. Hablar de fotografía supone utilizar una fuente de luz que ilumine una escena y la luz reflejada por ella es recogida en el fondo de una cámara, donde se ha colocado un material  sensible que reacciona a la luz de manera que el efecto sea mayor (o menor) donde más luz incide y que, además, el resultado persista en el tiempo.

Tanto la llamada fotografía analógica como la digital actúan de la misma manera, por lo que no tiene sentido hablar de dos tipos de fotografía, lo cual haremos a partir de este momento. Hay que aceptar, sin embargo, que, tanto los materiales como los instrumentos son de naturaleza diferente, lo que nos lleva también a que los procedimientos de trabajo varíen. Hasta aquí todo esto parece lógico y razonable. Lo que no lo es tanto es que, desde que algunos empezaron a sospechar que lo digital había venido para quedarse, empezaran a ponerse nerviosos, actuando de forma que quedara claro su rechazo, hablando entonces de fotografía y de fotografía digital como si ésta última llegara afectada de algo impuro. Aunque muchos hubiesen podido mantener esa postura, el tiempo se ha encargado de ir acabando con los posicionamientos extremistas y negativos y casi todos han ido aceptando que esta es la línea impuesta por el usuario aficionado y por el mercado.

Esta actitud negacionista de la realidad parecía estar afirmando que la auténtica fotografía es la realizada con película convencional a base de haluros de plata, cuando hay que aceptar que ese procedimiento se extendió porque era el que se podía fabricar industrialmente de manera más fácil y económica. Han existido numerosos procedimientos fotográficos y ninguno puede señalarse como que sea más auténtico. Así, si fuera por la calidad y estabilidad del color habría que considerar el método tri-carbro como el capaz de dar las imágenes más exquisitas y saturadas y que se usó ampliamente en la época del star-system de Hollywood. Era un procedimiento que, como contrapartida, era complejo, lento y caro. ¿También pasó lo mismo entonces y algunos fotógrafos se rasgaron las vestiduras?

Lo que sí me he preguntado es acerca de qué ha llevado a algunos a ser tan combativos y defensores de lo tradicional. He encontrado, en general, dos tipos de personas; estoy hablando siempre en el grupo de los profesionales de la fotografía: Por un lado aquellos que poseían una gran formación, un conocimiento actualizado de las novedades y, por tanto, dotados de una preparación para el cambio y que, sin embargo, demostraron luego una gran tendencia conservadora. El otro grupo de profesionales, muy amplio, fue el que sintió preocupación por tener que aprender todo acerca de los nuevos materiales, cámaras y procedimientos que llevaba a tener que asumir el ordenador como herramienta de trabajo y cambiar el cuarto oscuro por el cuarto claro.

En ambos casos los aparentemente afectados por la “pérdida” del mundo analógico supieron darle a ese cambio un aire profundamente romántico, como si el nuevo mundo de la fotografía no estuviera ya totalmente lleno de grandes ventajas. Y, además, pudiendo gozar viendo cómo el universo fotográfico se ha llenado de nuevas herramientas para los fotógrafos.

Joaquín Perea.