7.4, una proyección diferente

Lo primero que veo aparecer cuando se ilumina la pantalla son dos números, 7.4, que es el título de la proyección. Domingo me ha repetido por activa y por pasiva que no es una proyección normal y corriente y, por tanto, que intente ir sin ideas preconcebidas. Decirle esto a un fotógrafo es como abrir la caja de los truenos. Imágenes, música, poesía, todo junto y mezclado en el salón de actos de la facultad de Bellas Artes de la UCM. ¿Será la música demasiado experimental? ¿Serán los poemas fáciles de entender o inteligibles? ¿Las fotografías serán clásicas o contemporáneas? ¿Pegará la música con las imágenes? ¿Hablarán los poemas de lo que aparece en las fotos o no tendrá nada que ver? Intenté hacer caso a mi amigo pero una vocecita no paraba de susurrarme al oído todas estas preguntas, y algunas más.

Los tres autores, fotógrafo (Domingo Martín), músico (David del Puerto) y poeta (Álvaro Fierro), hacen cada uno una pequeña introducción para poner en situación al público. Me gusta ese prólogo porque veo imágenes complejas, nada “realistas”, oigo ruidos que se supone componen una pieza musical y escucho estrofas que no sé muy bien a qué se refieren. Alguien comenta al final que cada parte por separado (fotografía, música y poesía) habrían funcionado a la perfección, pero a mí me ha gustado verlo todo junto, revuelto, interconectado. Precisamente porque no había tenido la oportunidad de ser espectador de una proyección como esta, me gusta el resultado. Libertad para interpretar las señales que te llegan; libertad para ver significados o no percibir sentido alguno; libertad para interconectar melodías, imágenes y palabras o para percibir su aislamiento y su independencia.

Agradezco una banda sonora alejada de mis propios gustos musicales para no caer en la complicidad fácil. Agradezco las imágenes “difíciles” para no juzgar la estética según mis gustos fotográficos. Agradezco también las palabras porque al no ser lector habitual de poesía esto me lleva a terrenos ignotos que me obliga a despojarme (o al menos a intentarlo) de parte de mis prejuicios, que son muchos, y a dejar a un lado mi particular regla de medir.

Quizá lo que más agradezco es que me saquen de cuando en cuando de mi zona de confort. Que me enfrenten a algo que no sean paisajes, música rock o ensayo sobre la fotografía y la creatividad. Enfrentarme con algo que no puedo analizar con la misma vara de medir que casi siempre uso cuando voy a exposiciones o a conciertos de blues. Abrir mi mente a mezclas nuevas que sepan diferente a lo que estoy acostumbrado a tomar. Mezclas que me demuestren que todavía hay camino, y mucho, para ofrecer cosas interesantes que nos hagan ver que la senda de la creación es infinita, y que si seguimos haciendo las mismas fotos que hace veinte años, no es porque no se pueda hacer otra cosa: es porque aún no hemos sabido hacerlo.

Me marcho del salón de actos pensando en cómo me hubiera gustado que se me hubiera ocurrido la idea a mí. En fin, otra vez será.

Fernando Puche.

7.4 se volvió a proyectar en Madrid el sábado, 7 de noviembre de 2015 en La Quinta del Sordo.